Hechos_Cabo de las Huertas, Alicante

Llevo ya año y pico viviendo en Pamplona. De vez en cuando bajo a Alicante a ver a mis padres y amigos, corregir el proyecto y estar al tanto de lo que pasa en el Cabo de las Huertas. Cada vez que voy traigo una historia nueva, un nuevo hecho que hace que me ilusione un poquito más con el proyecto. Creo que tengo tres que son dignos de mención.

1_ Furgoneta ambulante con venta de fruta dentro de las urbanizaciones:

Fue mi madre la que me contó que una mañana de recados se encontró con varias señoras mayores saliendo de una urbanización cargadas de bolsas de frutas. Mi madre preguntó claro, aquello le parecía extraño. “Señoras, ¿de dónde salen todas con tanta fruta?” “Ah que no se había enterado, hay una furgoneta que pasa cada miércoles y cada sábado por la urbanización, trae un género buenísimo”. Mi madre, curiosa, entró a comprar. En mi casa siempre se han cuidado mucho que las patatas sean buenas, y la uva es uno de los postres favoritos de mi padre. Y justo estas dos cosas las tiene buenas, así que empezamos a comprar aquí. Una mañana entré también por curiosidad y a pesar que no coincidía en sus días habituales semanales, allí estaba la furgoneta, con una minicola comprando.

Entré porque es una urbanización de fácil acceso, la puerta se abre muy a menudo y los vecinos te saludan aunque sepan que no eres de la urbanización. Lo que ocurre también es que dentro tienen un chiringuito que abre en verano y que se va turnando de gestores cada temporada, también tiene bajos comerciales, que aunque están vacíos, hace un tiempo deberieron de anidar tiendas por lo que me cuentan (y además de fruta!). Os dejo aquí un fotomontaje de más o menos lo que vi. A pesar de que llevaba la cámara no quise fotografiar,  para no intimidar y que la venta se siga produciendo. También sé que antes se ponía en la calle, y terminó entrando en la propiedad privada. Ahí lo dejo.

2_ “El otro día conocí a una mujer que vive en nuestra calle desde hace más de 20 años que no había visto en mi vida”

Ustedes saben que cuando estás enfrascado en un proyecto y además la gente te pregunta, pues cuentas. El proyecto que estoy haciendo tiene su origen en el barrio en el que vivo en Alicante, y por tanto, toda la red de personas cercanas que conozco intercambian saberes y posibles datos que me pueden servir de ayuda. Mi vecina, sencillamente me contó esto “El otro día conocí a una mujer que vive en nuestra calle desde hace más de 20 años que no había visto en mi vida, nos quedamos las dos bastante soprendidas. Y es que es verdad Ana, es difícil encontrarse en estas calles porque no son para el peatón” Dejo estas dos imágenes de la calle Hudson de Nueva York y del Cabo de las Huertas. ¿Dónde veis más personas en la calle?

3_ “Una señora me trajo a casa”

Ahora mismo estoy en la lectura de “Muerte y vida de las grandes ciudades” de Jane Jacobs, está siendo un libro muy revelador para mi. A cada historia que leo, o cada concepto que cuenta, tengo una historia paralela con la que contrastar. Esta es de una amiga veinteañera del barrio. Estaba ella volviendo de juerga a las 8 de la mañana en verano, ya sabeis que en los sitios de playa la fiesta veraniega se alarga hasta las tantas…El caso es que volvían una amiga suya y ella, cuando sus caminos se bifurcaron. Ésta se quedó a las 8 de la mañana de un domingo volviendo por una avenida bastante ancha: cuatro carriles de coches y ¡110m de ancho!(contando un bulevarcillo que se queda a un lado). El caso es que la avenida de por sí suele estar bastante vacía de personas y a esas horas un domingo por la mañana ya ni te cuento. Ella volvía del Golf, que es una zona que se ha puesto mucho de moda en los últimos veranos, con algún descampado cercano que hace que sea un lugar idóneo para estar con el coche escuchando música y haciendo botellón. El caso es que a partir de las 5 am es mejor irse, la gente va pasada y además se respira cierta agresividad en el ambiente. Pues bien, en ese contexto se encontró ella, de 20 añitos volviendo a casa cuando dos macarras le cerraron el paso. No estaban muy cerca pero sí con un coche delante y otro detrás. La chiquilla en vista del acorralamiento y la calle vacía, se tiró al suelo en plan “bueno, hasta aquí hemos llegado”. De repente de la nada salió una mujer mayor, vestida de estar por casa que la cogió del brazo y le dijo “anda vamos muchacha, que de la que te has librao”. Le preguntó donde vivía y la llevó a casa. Gracias a esos dos ojos de la señora, y a pesar de que tuvo que correr mucho para poder ayudar a mi amiga, llegó a tiempo y la salvó de un muy mal trago. Parece que sí que hay algunos ojos vigilantes en el barrio, y parece que no sólo vigilan si no que también ayudan. Este es uno de los principios de Jacobs, el hecho de que haya una red de ojos (es decir, de personas) que animen a las personas a caminar por la calle porque se sienten en confianza de hacerlo. He aquí un printscreen de la avenida de la que os hablo:

Por último quiero dejaros una imagen de un libro que compré hace poco “Cuentos de la Periferia” de Shaun Tan, un ilustrador de libros infantiles con unas imágenes muy poderosas. La dejo en tributo de los pequeños brotes de vida que de en cuando ocurren en las calles de la periferia como en la primera historia que os he contado,  y desde los cuales se origina el proyecto.

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