Pato 2- Gato 0_ Cabo de las Huertas, Alicante

Desde hace un tiempo ocurre que los patos viajan de piscina en piscina como si de un cuento de John Cheever se tratara. Llegan desde que se construyeron los lagos rodeados de césped en los que se vierten hoyos de campo de golf. Como aquel cisne que nadaba entre barquitas de madera y al que íban a visitar los abuelitos con comida. En esta ocasión nuestros queridos patos que se van cagando y dejando un poquito de suciedad en las aguas cloradas de las piscinas, se encontraron con un gato.

Los gatos están desde siempre. Recuerdo cuando nuestro portero, no podía controlar la superpoblación que había y metía las crías en una bolsa de plástico y las golpeaba hasta que morían. A nosotras no nos gustaba nada, vivíamos con la extraña sensación de querer a Liberto por su carisma y guardarle rencor por hacer desaparecer a esos gatitos. Él nos contaba que se iban claro. Así que los gatos han sobrevivido a pesar del recorte de población que de vez en cuando exigía la estética de la urbanización, y los piojos claro, que íbamos siempre hasta arriba.

Total que el señor gato se encuentra a dos jugosos patos nadando en su territorio, recorre todo el borde relamiéndose los pelos porque no sabe nadar y los patos pá arriba pá abajo, y el garfield esperando en el borde.

Después de una hora, ellos echaron a volar. ¿Hubieses preferido que el gato enganchase a un pato y tintase la piscina de un rojo pasión?

La fauna nos invade, y el cloro que no falte.

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