“Cena en Casa”_desde Pamplona a…

“Cena en casa” es aquella cena en la que convocas a todas las personas que sepas que te pueden ayudar con algo a cambio de una rica cena y un buen vino, cerveza etc. Te acompañan en el proyecto, te sacan las ideas, te aportan, se implican…y tú sales de allí tan contenta con esa noche tan productiva, o muy revuelta con todo lo que se te viene encima :P

Pues bien, hago este post a modo “cena en casa” debido a los 800km que me separan de todos vosotros (si queréis venirse para acá, yo preparo el gumbo). De algunos menos, es verdad.

Os cuento, resulta que ando en una encrucijada proyectual y sé que todas vuestras voces pueden ayudarme. También podrían liarme un poco más, pero vaya, me parece que necesito una gran liada para arrancar de nuevo. Ya sabéis que trabajo más bien desde la “razón poética” (como diría Paula, parafraseando a María Zambrano y de la cual Luis comenta que es un poco cursi, pero vaya, seamos cursis por una vez: rosa, con pelo y que brille). Total que me enredo, no es que no produzca, es que estoy en un punto en el que doy unos tantitos palos de ciego.

Os hablo desde el blog porque también me parece una forma de “pasaba por aquí, y mira pues esto…”. También porque sé que hay algún personaje fuera de la arquitectura que me sigue, y que quisiera que fuese partícipe de estas frikadas.

Para los que conozcáis el proyecto, pues os toca unos rengloncillos de relectura o de ponerse al día, para los que no, espero que sea suficiente. Ya sabéis la mítica frase: “cuenta tu proyecto en 2min”. Bien, allá voy:

El proyecto trata de sustituir el uso del aparcamiento urbano por usos de servicios cotidianos en una zona donde el coche es necesario para todo, porque bien las distancias son muy largas, o bien la calle no es amable: muro, calle solitaria, aparcamiento, acera, aparcamiento, calle solitaria, muro.

Esto haría que los trayectos en coche se convirtiesen en trayectos a pie, de repente la calle se amabilizaría y empezaría a tener tránsito peatonal, a estar habitada de tal forma que los muros ya no harían falta porque la seguridad se construiría con todos los ojos existentes en las calles (o por lo menos eso dice Jane Jacobs y yo que me lo creo).

Cada uno puede imaginarse esta colonización de una forma diferente, pero yo me la imagino a modo de proceso. Imagino que una primera estructura-servicio, contagiaría o seduciría al resto de habitantes que verían una posibilidad de negocio o…

Este esquema está en inglés porque es parte de una entrega y el ejercicio es en inglés. Espero que lo entendáis todos.

Pero claro, os preguntaréis, ¿exactamente qué podría pasar en esta zona? Por cierto, la zona es el Cabo de las Huertas, está en Alicante a unos 4km del centro y cuenta con un tranvía y dos autobuses que van al centro cada media hora aprox. Tiene 60000viviendas construidas (contando los tres barrios: Playa de San Juan, Albufereta y Cabo de las Huertas), de las cuales 40000 están habitadas. Existe una realidad diversa en cuanto a nivel económico ya que el boom urbanístico ha encarecido mucho la vivienda (…), pero en un principio se trataba de viviendas de “fácil acceso” con una renta media. También y debido a su origen de ciudad de ocio y turismo, podemos encontrar tamaños dispares de vivienda lo que genera esta diversidad económica.

Bueno, sobretodo hay habitantes en el Cabo que necesariamente han de ir andando, o coger bicicleta, monopatín… Estos son los abuelos, los niños, las trabajadoras domésticas que cogen el autobús todas las mañanas, los adolescentes sin carné, los jóvenes con carné pero sin pasta para comprarse un coche, o para gastar en gasolina, y por último, aquellas personas que a pesar de tener vehículo, y tener dinero para gasolina, prefieren caminar por hacer bien al medio ambiente, o porque les gusta la calle. Bien, me manejo con este tipo de habitantes.

De esta suerte de habitantes, y mi experiencia de viaje a los EEUU: donde la ausencia de calle se hace más acuciante, el vehículo privado es una necesidad para la vida cotidiana, y donde encontré pequeños vestigios de manifestaciones humanas, manufacturadas, colectivizadas en la rua,

de estas dos situaciones aparece una nube de programas. Algunos inmediatos, y otros que aparecen por contagio.

En este afán por colonizar la calle para los peatones, he ido haciendo imágenes que han variado en el tiempo y que cada vez adoptan una morfogénesis diferente según en qué cosa estaba pensando. Os dejo todas las postales:

Esto sería por una parte el trabajo en maqueta, y por otra parte el trabajo en sección y planta 1.200:

Todo este trabajo lo hice sin tener un lugar concreto en toda la extensión del Cabo, aunque si con análisis que me han ayudado a elegir una calle de 800m de longitud (así son las calles en el Cabo).

El análisis relaciona la densidad de viviendas con la complejidad de la zona. Entiendo complejidad como “cosas” que suceden en la manzana además de la propia residencia. Como era consciente de que el urbanismo del cabo deja mucho espacio libre privado, y poco espacio libre público (es decir, de calle), dentro de este análisis incluí como complejidad algunos equipamientos privados de las urbanizaciones; parking, piscina y pistas deportivas. Aquí teneís el plano, el lugar con el que voy a trabajar, y más exactamente la calle.

Elijo esa calle porque es la transición entre las torres, los bloques y los adosados y voy señalando todo lo que ocurre en la calle que me puede interesar: pistas deportivas colindantes, marquesinas, puertas de entrada a urbanizaciones, piscinas colindantes, equipamiento en uso y desuso, parques y parkings.Además ahora también estoy localizando los árboles, las farolas y los contenedores porque también son condicionantes de lo que aparecerá allí. Ese plano está en construcción, así que os lo mostraré en otra ocasión.

El caso es que toda esta colonización me la he imaginado siempre en proceso. Es decir no como un proyeto que se construye todo de golpe, sino que se va armando poco a poco según los propios habitantes lo construyan. Pero claro, ya que estamos pensando en ello, tampoco me imagino una colonización caótica y desordenada en el peor sentido de la palabra, si no que me la imagino con cierto orden para convivir con el coche mientras siga estando como medio de locomoción y para aprovechar mejor la infraestructura existente y la propia de las energías (sol, escombros…).

Una imagen antigua pero que habla de proceso:

Así que he decidido que para que no ocurriese una situación demasiado caótica e inestable, imagino varias estructuras esqueleto, que es de lo que os hablaba al principio. Éstas estarían repartidas por la calle según la densidad y lo que ocurre en ellas. En la planta a e 1.300 de la calle podéis ver algunas manchillas que significan éstas estructuras esqueleto. Y aquí es en el punto en el que me encuentro, y aquí en el punto en el que pido ayuda “cena en casa”.

“Amoraver”. A mí me seducían las estructuras andamio, por aquello de que son ligeras y finitas, y empezando a colonizar un espacio que como ancho tiene 2m (es decir, el parking) pues no me parecía mala idea, aunque sin convencerme. Me cogí a mi amigo Jorge Wagensberg y releí “La rebelión de las formas” con su capítulo: El fractal coloniza, entre otros. Salí un día a fotografiar andamios, dibujar, coger cotas, repensar…pero algo me fallaba!

Lo que le pasa al andamio es que es una “estructura tirita”: es una seguna piel, cura, deja respirar, es de quita y pon, y no está preparado para aguantar demasiadas cargas.

Así que teniendo en cuenta que lo que busco es una estructura esqueleto, que se quede fija y que además pueda soportar en algunos casos a 50personas…pues no me vale. Me puse a reflexionar sobre los fractales y pensé en el CORAL. Cuál es mi sorpresa cuando me entero de que el coral es un animal formado por pólipos (muy pequeños) capaz de crear esqueleto (arrecife) a través de los minerales que se encuentran en el agua. Es decir, aprovecha los recursos cercanos para crear la estructura-casa. Además gracias a la simbiosis del coral con unas microalgas (que le dan el color, por cierto), aparecen los peces que comen de ella. El coral come zooplacton. Si conservas el coral, conservas el ecosistema. Es algo así como una activador marino. En mi caso, sería como el commontowning: un activador urbano que aprovecha los recursos cercanos para construirse y genera más movimiento, diversidad, etc.

Cuando muere el coral, sigue quedándose el arrecife que sirve como estructura para futuros corales o para otros seres marinos.

Os dejo un vídeo:

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El caso es que esa estructura esqueleto inicial me la imagino: ligera a la vista, pero no metálica. Sólo metálica si es que hubiese un excedente de perfiles en la zona que se pudiese aprovechar. Si no, de caña ( hay mucha cerca), pero la caña cubre, no aguanta como forjado. ¿Me la imagino de tierra? ¿de materiales tradicionales con los que se hacía una barraca? ¿con andamios? ¿con una máquina de control numérico que haga estructuras al gusto del consumidor? ¿con chatarra de los coches? ¿cómo?

Y ahora es cuando nos hemos bebido el vino y os paso un ratito el testigo.

Y como siempre, y como en realidad nos he dado de cenar ni ese vino, pues os doy unas GRACIAS muy grandes, y un “vale por _una cena en casa_”. Ojalá en Pamplona, y ojalá que cuantos más, mejor.

The Scale of Nature: Modeling the Mississippi River

Esta historia me parece preciosa. Pensar que estuve a varios metros de conocer el modelo en primera persona, ojalá me hubiese encontrado con el artículo un poquito antes. En fin, todo indica que hemos de volver.

La historia trata de un científico extraño para su época que empezó a entender que el Mississippi era un gran sistema. Al principio cada población se encargaba de ponerle impedimentos al río para evitar las grandes inundaciones que vivían cada cierto tiempo. Pues bien, este señor construyó una maqueta de 600m de largo, una maqueta mecánica para poder entender por qué se debordaba el Misisipi. Está para leérselo porque redacta los éxitos y los fracasos de hacer un modelo mecánico sobre un ecosistema y por lo tanto, un sistema poco controlable desde el punto de vista mecánico.

Si queréis verlo en el google

FASE1, junio 2011_Alicante

Bueno, aquí la entrega de la fase1 que pasé en Junio. La dejo aquí para deshacerme un poco de ella, en esta nuevo comienzo de grupo, cambio de profesor, cambio de aires del pfc y también como origen de éste.

Esta entrega fue un gran paso de toma decisiones y de hablar mucho con mis compis levantinos. Al final, con tanta vuelta, me centré en lo más esencial que quería trabajar y salió esto. Ahora con la distancia veo que en realidad es poco propositivo aunque intencionado. Bueno, como autoregalo “estoy en el camino” voy a contrastar los cuatro epígrafes del vídeo con todas las cosas que estoy aprendiendo de la mano de Jacobs y de Johnson.

“Preferiría ir andando, gracias”

En esta primera parte del vídeo contrasto la solitaria calle de la periferia con fotomontajes secuenciales de las fotos que tomé en el viaje a EEUU en el verano 2010. Este viaje consistió en ir del noreste al sudeste: Chicago, New Orleans, y Mississppi, en busca de la música negra. Quedé muy sorprendida con los norteamericanos y me interesaba sobretodo fotografiar un país “tan nuevo” desde el punto de vista del urbanismo y las ciudades. Por eso de alguna forma utilicé estas fotos como referencias de una “calle animada”, como dice Jacobs.  Según Steven y Jacbos las aceras animadas son necesarias para la seguridad, para “aprender del vecino”, la comunicabilidad y por tanto para complejizar más el barrio en este caso. Durante todos los meses que estuve mapeando el cabo y reflexionando sobre el barrio, me daba cuenta de que la cultura estaba ausente. Después de este tiempo me doy cuenta de que precisamente era eso lo que falta, el lugar de las aceras como productores de información y lugares de aprendizaje del vecino.

“¿Espacio público? La nada: coche 3-peatón 0″

En esta parte quería que las personas que veían el vídeo experimentasen el aburrimiento de una calle solitaria, por eso sin música, y todo lo largo que fue andar en bici por una calle que era un lado de una manzana. Menos que fui en bici, si llega a ser andando, no llego.

El epígrafe fue éste porque parte de la razón de la rectitud de las calles, de la largura y de la falta de cuidado en el espacio público, es que están pensadas para ir en coche privado. Se trata de un sueño lecorbusiano de la Ciudad Radiante, con sus macrourbanizaciones con jardín y piscina y donde podías llegar a cualquier sitio en unas rápidas avenidas. Eso produce anti-aceras.

“Echar raíces”

Este tercer epígrafe dudé mucho en ponerlo, y aún a día de hoy no sé si debí hacerlo. El vídeo está hecho con Jose Abellán y es un homenaje a un amigo que se nos murió hace dos años y dejamos sus cenizas en las raíces de un olivo que plantamos cerca de donde está hecho el vídeo. Era una forma un poco triste de contar que aunque a la periferia llegamos todos emigrados por las cuestiones que sea, luego vives allí y creas lazos con esas personas. Luego te quedas, y el barrio sigue creciendo y sin embargo el urbanismo no responde a esa multplicación de personas e intereses que cada vez aumentan más. Como diría Jacobs y Johnson cuantas más personas habitamos un lugar y más accesibilidad tenemos a comunicarnos, los mensajes mayores y vamos aprendiendo con la experiencia, así los mensajes serán cada vez más precisos, más complejos, y si somos muchos más, el sistema se va afinando en las respuestas al día a día.

“Pero la calle no echa raíces, sigue aséptica. el ejercicio trata de ensuciarla, redesdibujarla”

Esto último es un objetivo, aunque poco definido.

En ello estoy.

Duda 04_Sistemas emergentes

Después del post-comentario al artículo de Ethel Baraona sobre la infraestructura relacional me quedé partía, inquieta, y es que pega de pleno con el proyecto final de carrera, así que tocada y hundida, sigo buceando en los intríngulis de la vida humana.

Estos últimos días aleteando entre las páginas de “Sistemas emergentes. O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software”, de Steven Johnson. El encuentro con este libro es especialmente bonito porque me lo recomendó un profesor de la carrera un viernes por la mañana mientras nos tomábamos un café. Yo le conté las dudas y él me recomendó este libro. Me faltaban pocos días para venirme a Pamplona, y lo saqué de la biblioteca junto con unos cuantos más. Ha estado dando vueltas por casa hasta que a raíz de este último post, decidí leérmelo. Fue por esa inquietud y esa incertidumbre, eso de: “aquí se me escapa algo”.

Entonces me encuentro con los sistemas autoorganizados bottom-up; las hormigas, el cerebro, Darwin, Jane Jacobs y sus aceras y todo empieza a cuadrarme mucho más. Me he dado cuenta que con la palabra “urbanismo emergente” o “Tactical Urbanism”, no me estaba enterando del todo de la película. Y una lleva un añito ya con esto del proyecto, así que como dice el refrán “más vale tarde que nunca”, aunque ahora a ver cómo arreglamos el desaguisado.

Para reorganizarme empiezo con una serie de conceptos que he aprendido con tal libro y que conectan ciertas intuiciones sobre lo que significa “el urbanismo” y cómo seguir desarrollándolo.

El libro comienza hablando del moho de fango y del cambio de paradigma científico que supuso entender cómo se desarrollaba y cómo se alimentaba. Del moho pasa a las hormigas, y ya galopando escala, pasa a las ciudades y al software. Todo tiene coherencia cuando se mira desde un punto de vista comunicativo, de conexión. El gran descubrimiento del moho de fango era que aunque a nuestros ojos aparecía y desaparecía, en realidad lo que hacía era condensarse en una única criatura si las condiciones eran adversas, si las condiciones eran idóneas, entonces era una colonia de organismos tan pequeños que no se veían. ¿Cómo se gestiona esto? Cada célula aislada del moho segrega una sustancia llamada AMPC, basándose simplemente en su percepción local de las condiciones generales. Si es necesario, por esta llamada, se agregan. Por lo tanto es importante escuchar al vecino, aprender de él, y actuar, y así habita el moho de fango. Con las hormigas granívoras pasa lo mismo: no existe una hormiga reina que conduce al resto, esta reina sólo se encarga de hacer más hormiguitas, mientras que la colonia se autoorganiza comunicándose a través de las feromonas. Cuantas más hormigas “hablan”, más información hay en el ambiente y más se puede especificar la colonia. Así, la colonia surje de toda esta amalgama de mensajes que en realidad produce cada hormiga, y a su vez necesita del resto de hormigas para que su mensaje tenga sentido. Con las ciudades otra vez igual:  a través de las aceras, que es el lugar donde puede darse toda esa nube de información y mensajes, y también donde pueden concluir muchas personas juntas recibiendo y produciendo información. Si a esto le añadimos todo el nuevo uso de internet en las redes sociales, el software, que dice Steven Johnson, pues la comunicación adopta una importancia latente en el urbanismo para la autoorganización y habitabilidad de ciudades cada vez más grandes y más complejas.

Toda esta reflexión apoya las dudas que tenía sobre la necesidad de “animar” las calles de una zona periférica residencial. Este urbanismo de bottom-up es totalmente inverso al proceso que se ha producido en la urbanización del Cabo de las Huertas. Un proceso descendente, ortodoxo y micro-zonificado, el crecimiento urbanístico del cabo no surgió de la necesidad, del desbordamiento de la actividad, si no más bien de unos intereses inmobiliarios que ahora dejan un paisaje solitario en la mayoría de sus aceras. Como si se tratase de una fotografía constante.

Os dejo una imagen que contrasta el mapa de Venezia con el del Cabo de las Huertas para que comprobéis con vuestros propios ojos la escala de las aceras y las diferencias entre un urbanismo bottom-up y un urbanismo descendente.

De cualquier manera, lo importante es cómo hacemos que el Cabo de las Huertas, que consta de 43000 habitantes, deje de ser una fotografía y se convierta en un vídeo animado donde en las aceras estén vivas y sea estimulante pasear por ellas. ¡He aquí el proyecto claro!

Por supuesto que el libro tiene mucha más chicha, os he contado sólo un pequeño fragmento y sobretodo el origen de la conexión de las hormigas, neuronas, ciudades y software. Lo recomiendo desde aquí “muy mucho”.

Para terminar os dejo un vídeo sobre un experimento que hice con un programa del que habla Steven Johnson en casitodo su libro. Se llama StarLogo y trata de producir microconductas en unos bichitos y estudiar cuál es la macroconducta. Es un programa muy sencillo y no hice más que seguir un tutorial, lo importante es que te das cuenta que cada vez que accionas la actividad en el campo, los bichitos producen macroconductas diferentes, a pesar de que el micromotivo sea el mismo. El ejercicio lo hize con un fin poco claro pero con una intuición veraz. La situación sigue en el mismo lugar, aunque vaya aclarándose un poco más. Bueno, final abierto. A ver cuándo lo cerramos…

Hechos_Cabo de las Huertas, Alicante

Llevo ya año y pico viviendo en Pamplona. De vez en cuando bajo a Alicante a ver a mis padres y amigos, corregir el proyecto y estar al tanto de lo que pasa en el Cabo de las Huertas. Cada vez que voy traigo una historia nueva, un nuevo hecho que hace que me ilusione un poquito más con el proyecto. Creo que tengo tres que son dignos de mención.

1_ Furgoneta ambulante con venta de fruta dentro de las urbanizaciones:

Fue mi madre la que me contó que una mañana de recados se encontró con varias señoras mayores saliendo de una urbanización cargadas de bolsas de frutas. Mi madre preguntó claro, aquello le parecía extraño. “Señoras, ¿de dónde salen todas con tanta fruta?” “Ah que no se había enterado, hay una furgoneta que pasa cada miércoles y cada sábado por la urbanización, trae un género buenísimo”. Mi madre, curiosa, entró a comprar. En mi casa siempre se han cuidado mucho que las patatas sean buenas, y la uva es uno de los postres favoritos de mi padre. Y justo estas dos cosas las tiene buenas, así que empezamos a comprar aquí. Una mañana entré también por curiosidad y a pesar que no coincidía en sus días habituales semanales, allí estaba la furgoneta, con una minicola comprando.

Entré porque es una urbanización de fácil acceso, la puerta se abre muy a menudo y los vecinos te saludan aunque sepan que no eres de la urbanización. Lo que ocurre también es que dentro tienen un chiringuito que abre en verano y que se va turnando de gestores cada temporada, también tiene bajos comerciales, que aunque están vacíos, hace un tiempo deberieron de anidar tiendas por lo que me cuentan (y además de fruta!). Os dejo aquí un fotomontaje de más o menos lo que vi. A pesar de que llevaba la cámara no quise fotografiar,  para no intimidar y que la venta se siga produciendo. También sé que antes se ponía en la calle, y terminó entrando en la propiedad privada. Ahí lo dejo.

2_ “El otro día conocí a una mujer que vive en nuestra calle desde hace más de 20 años que no había visto en mi vida”

Ustedes saben que cuando estás enfrascado en un proyecto y además la gente te pregunta, pues cuentas. El proyecto que estoy haciendo tiene su origen en el barrio en el que vivo en Alicante, y por tanto, toda la red de personas cercanas que conozco intercambian saberes y posibles datos que me pueden servir de ayuda. Mi vecina, sencillamente me contó esto “El otro día conocí a una mujer que vive en nuestra calle desde hace más de 20 años que no había visto en mi vida, nos quedamos las dos bastante soprendidas. Y es que es verdad Ana, es difícil encontrarse en estas calles porque no son para el peatón” Dejo estas dos imágenes de la calle Hudson de Nueva York y del Cabo de las Huertas. ¿Dónde veis más personas en la calle?

3_ “Una señora me trajo a casa”

Ahora mismo estoy en la lectura de “Muerte y vida de las grandes ciudades” de Jane Jacobs, está siendo un libro muy revelador para mi. A cada historia que leo, o cada concepto que cuenta, tengo una historia paralela con la que contrastar. Esta es de una amiga veinteañera del barrio. Estaba ella volviendo de juerga a las 8 de la mañana en verano, ya sabeis que en los sitios de playa la fiesta veraniega se alarga hasta las tantas…El caso es que volvían una amiga suya y ella, cuando sus caminos se bifurcaron. Ésta se quedó a las 8 de la mañana de un domingo volviendo por una avenida bastante ancha: cuatro carriles de coches y ¡110m de ancho!(contando un bulevarcillo que se queda a un lado). El caso es que la avenida de por sí suele estar bastante vacía de personas y a esas horas un domingo por la mañana ya ni te cuento. Ella volvía del Golf, que es una zona que se ha puesto mucho de moda en los últimos veranos, con algún descampado cercano que hace que sea un lugar idóneo para estar con el coche escuchando música y haciendo botellón. El caso es que a partir de las 5 am es mejor irse, la gente va pasada y además se respira cierta agresividad en el ambiente. Pues bien, en ese contexto se encontró ella, de 20 añitos volviendo a casa cuando dos macarras le cerraron el paso. No estaban muy cerca pero sí con un coche delante y otro detrás. La chiquilla en vista del acorralamiento y la calle vacía, se tiró al suelo en plan “bueno, hasta aquí hemos llegado”. De repente de la nada salió una mujer mayor, vestida de estar por casa que la cogió del brazo y le dijo “anda vamos muchacha, que de la que te has librao”. Le preguntó donde vivía y la llevó a casa. Gracias a esos dos ojos de la señora, y a pesar de que tuvo que correr mucho para poder ayudar a mi amiga, llegó a tiempo y la salvó de un muy mal trago. Parece que sí que hay algunos ojos vigilantes en el barrio, y parece que no sólo vigilan si no que también ayudan. Este es uno de los principios de Jacobs, el hecho de que haya una red de ojos (es decir, de personas) que animen a las personas a caminar por la calle porque se sienten en confianza de hacerlo. He aquí un printscreen de la avenida de la que os hablo:

Por último quiero dejaros una imagen de un libro que compré hace poco “Cuentos de la Periferia” de Shaun Tan, un ilustrador de libros infantiles con unas imágenes muy poderosas. La dejo en tributo de los pequeños brotes de vida que de en cuando ocurren en las calles de la periferia como en la primera historia que os he contado,  y desde los cuales se origina el proyecto.

Viiip Expreees. Trabajo doméstico

El otro día en mi café matutino me embobé mirando a una mujer. Parecía que estuviese tomándose su segundo café y eran las nueve y pico de la mañana. La mujer llevaba varias bolsas, en una claramente llevaba tomates, la otra iba llenita de productos de limpieza. Desde hace unos años llevo dándole vueltas a esto del trabajo doméstico, la mujer, la arquitectura, la vivienda, y lo cierto es que es un tema que nunca se agota. Rebusco, escarbo y siempre encuentro algún hilo del que tirar y sacar información esclarecedora. Allá voy:

Ellens Richards

“Es la tendencia inconfundible del progreso económico e industrial moderno el apartar de la casa todos los procesos de fabricación…Se retirará una cosa tras otra, hasta que quedan sólo el cocinar y el limpiar y ninguno de estos dos procesos…deja tras de sí resultados para recompensar al trabajador como lo hacían (…) el hilar, tejer, y fabricar jabón. Lo que se cocina en un momento se come en el siguiente; la limpieza de un día se debe repetir al día siguiente, y la desesperación de todo esto ha penetrado profundamente en el alma de las mujeres.”

Ellen Richards, “Housekeeping in the Twentieth Century”, 1900

Y cómo de veraz será tal reflexión, que muchos años después Angela Davis hacía referencia a lo mismo en el último capítulo de su libro “Mujeres, raza y clase” que escribió en 1981. Alucinada por tan gratificante coincidencia empecé a hilar cuál mujer preindustrial del norte de EEUU y entre tanto teje y maneje salieron preguntas sobre qué es el trabajo doméstico hoy en día. De momento os dejo aquí el retal de Angela Davis que trascribo de su libro :

“La aparición de la concepción burguesa de la mujer como eterna sirvienta del hombre es en sí misma una historia reveladora. Dentro de la historia relativamente corta de Estados Unidos, el “ama de casa”, en tanto que producto histórico acabado, apenas cuenta con más de un siglo de antigüedad. Durante el período colonial, el trabajo doméstico era completamente distinto a la rutina del trabajo diario que hoy realiza el ama de casa estadounidense.

El trabajo de una mujer comienza cuando sale el sol y continúa bajo la lumbre hasta que no puede mantener los ojos abiertos. Durante dos siglos, prácticamente todo lo que una familia utilizaba o comía se producía en el hogar bajo su batuta. Ella teñía y hacía girar en la rueca el hilo con el que tejía la tela que cortaba y cosía a mano para hacer la ropa. Cultivaba gran parte de la comida que servía para alimentar a su familia y guardaba la suficiente para pasar el invierno. Hacía la mantequilla, el queso, el pan, las velas y el jabón y zurcía las medias de su familia (1).

En la economía agraria de la América del Norte preindustrial, una mujer que realizaba las tareas de la casa era hilandera, tejedora y costurera, además de panadera, mantequera y elaboradora de velas, de jabón y de un largo etcétera. De hecho,

[…] las presiones del ritmo de la producción doméstica dejaban muy poco tiempo para las labores que hoy en día indentificaríamos como trabajo doméstico. Según los criterios actuales, las mujeres de la época anterior a la Revolución Industrial eran unas amas de casa descuidadas. En lugar de la limpieza diaria o semanal, se hacía la limpieza de primavera. Las comidas eran simples y repetitivas, los miembros de la familia pocas veces se cambiaban de ropa, además de dejar que la ropa sucia de la casa se acumulara, y la colada se hacía una vez al mes o, en algunos hogares, una vez cada tres meses. Y, por supuesto, dado que cada colada requería transportar o calentar muchos cubos de agua, fácilmente se descartaban unos elevados niveles de limpieza.(2)”

Comedor escolar, principios S.XX

Ellen Richards nació en el norte de los Estados Unidos y vivió el cambio de la mujer productora doméstica preindustrial a la mujer “ama de casa”. En ese período anterior a la industria se entiende que la mujer alimentase a la familia con comidas “simples y repetitivas” ya que trabajaba hasta que no podía “mantener los ojos abiertos”. A ver quién se pone a experimentar en la cocina cuando hay que zurcir medias, hacer jabón, hilar…etc. Se desconocía cuán de importante era la nutrición para la vida diaria y no había tiempo para ello. Entonces Ellen, química y preocupada por la alimentación inició en 1890 una Cocina Popular de la Nueva Inglaterra para la clase trabajadora y así enseñar sus conocimientos sobre los hábitos alimenticios, dedicarle el espacio y tiempo suficiente como para mejorar la salud de las personas de la clase trabajadora. Resultó ser un fiasco, ya que la gente prefería preparase su comida en casa (esto es otro hilo del que tirar, ¿tal vez porque serían migrantes y tendrían su propia cultura culinaria?). Supongo que Ellen no se rindió en su primer intento, siguió afinando su búsqueda de cuidar la nutrición en nuestra cotidianeidad en pos de la salud porque unos años más tarde, en 1894, instaló lo que se conoce hoy como “comedor escolar”. ¡Toma ya! Al principio fue una cosa sólo de la institución educativa, pero luego se extendió a los hospitales, orfanatos, prisiones, hoteles…hasta nuestros días en los que nos resulta complicado imaginar una institución pública sin un lugar en el que “tomarnos un tentempié”, o un colegio sin el servicio de comedor que por otra parte ayuda a que la familia del estudiante pueda tener un trabajo productivo fuera del hogar, o tiene la opción de que su trabajo esté en el hogar y prepare todos los días la comida a sus hijos.

Este matiz es importante, el poder elegir.

¿Creeis que ha cambiado la forma de las ciudades por esta innovación en el hábito alimenticio? ¿qué ocurriría al medio día en Madrid si todas las personas volviesen a su “casa” a comer? ¿es esto un aspecto arquitectónico?

Después de la revolución industrial muchas de las actividades productivas del ámbito doméstico, se mecanizaron. Ya no había que tejer, ni zurcir, ni recolectar…había máquinas que hacían esto de una manera más rápida y eran los hombres los que iban a las fábricas (cuando no estaban en guerra claro) . De repente el trabajo de la mujer se redujo a la limpieza y la comida, y digo redujo porque espacialmente su ámbito era mucho más pequeño y mucho menos creativo, sobretodo en lo que se refiere a la limpieza doméstica.

Por suerte y gracias a la insistencia de Ellen y a todo su contexto socioeconómico, se colectivizaron las comidas, se externalizaron del ámbito doméstico y la trabajadora doméstica pudo trabajar más desahogada. Parte de la comida entró a formar parte del ciclo industrial (¡hasta nuestros días! otro hilo del que tirar por cierto…) y por tanto era un trabajo productivo reconocido. Todos necesitamos comer y si la comida es saludable nuestra disposición también pero, ¿qué pasó con la limpieza? La limpieza pasó de ser un trabajo doméstico que se hacía cada estación (pongamos siendo un poco descuidados) a ser un objeto de consumo diario; de las fábricas llegaban miles de productos que podías comprar para que tu casa estuviese cada vez más limpia. Evidentemente no se podría externalizar la vivienda porque lo que se limpia es la propia vivienda, ejé, pero ¿se puede industrializar?¿hay espacio para la investigación en la limpieza doméstica a gran escala?¿podría afectar a la práctica de la arquitectura? ¿qué ocurriría si existiera un servicio doméstico público pagado por el estado? ¿os imagináis que un funcionario de limpieza doméstica se encontrase limpiando su propia casa? ¿cómo definiríamos entonces el mínimo de higiene que el estado debería de garantizar?

(1) B. Wertheimer, We Were There: The Story of Working Women in América,1977

(2) B. Eherenreich y D. English, “Microbes and the Manufacture of Housework”, 1978

En coloretesplit

¿Tienes un poco de sal?_Infraestructura Relacional_Chicago

Sorprendida por el hecho de que alguien haya relacionado un barrio “North” en Chicago con la pobreza me he puesto a bucear por la red a ver si encontraba una explicación más cercana a mis intuiciones. Todo viene del post de la Ciudad Viva de Ethel Baraona sobre la Empatía Urbana y de cómo medir la infraestructura relacional. Lo cierto es que el artículo me ha dado para varios días de navegación por la red y  conversaciones, así que he decidido dedicarle un post-comentario a todo este laberinto cibernético.

Para empezar diré que el post original me ha parecido magnífico. No obstante, después de tantas referencias y de preguntarse por la infraestructura relacional como herramienta de diseño, me ha dado un poco de pena que el artículo terminase con un “Quizás nos encontremos con que esta capa no se puede diseñar ni enseñar: simplemente ocurre(…) Lo que sí está en nuestras manos es ayudar a generar el sustrato para que dichas conexiones relacionales se establezcan y prosperen”. ¿En qué consiste ese “sustrato”? ¿Podría ser “la infraestructura relacional” la herramienta para generar el sustrato? La infraestructura relacional no simplemente ocurre, de hecho tiene unas causas muy definidas. Sus expresiones en lo social son intangibles pero las causas se pueden conocer y analizar, sólo hay que rascar un poquito. Aquí es cuando entra el momento de relacionar la política con el urbanismo, pero me voy a ir por otros caminos menos arduos a manera de ejemplo y de profundización en el caso del artículo: la ola de calor de Chicago en 1995.

Para los que empecéis leyendo este post-comentario os pongo en situación, aunque lo ideal sería que empezarais por el post de la propia Ethel. La situación parte de la ola de calor que hubo en Chicago en 1995 que terminó con la vida de cientos de personas. Una vez pasada la tragedia un grupo el Centro de Control y Prevención de Enfermedades encargó un estudio “para determinar las causas y evitar desgracias similares en el futuro”. Al final, después de esa gran investigación la conclusión fue esta: “Quienes murieron no tenían agua, ni aire acondicionado o no recibieron o aceptaron auxilio. Las personas que sobrevivieron fue porque lograron obtener refrigeración. Las conclusiones eran engañosas ya que animaban a pensar que la culpa era de las víctimas, que no se habían protegido lo suficiente”. Se trata de una historia compartida de Jane Jacobs en su libro “Dark Age Ahead”.

Esta historia de momento revela varias cosas; una que en EEUU no saben todavía lo que es la ventilación cruzada o los sistemas de humidifación, o de sombreado en la vivienda (esto lo digo por experiencia propia, ¡¿por qué nadie se va allí a contarles qué es la ecología en la domesticidad?!), segundo que hay unos índices de pobreza muy importantes (no tener agua en una ciudad como Chicago es vivir en la miseria). Pero la cosa no acaba ahí porque un joven sociólogo Eric Klinenberg observó que en algunos barrios de la ciudad habían muchas más muertes que en otros. Concretamente compara dos barrios: North Lawndale y South Lawndale. En el primero 40 muertes por cada 100000hab y en el segundo 4 por cada 100000hab. Sorprende y mucho que en un barrio del norte haya muchas más muertes que en un barrio del sur cuando la riqueza es mucho más superior en el norte del Downtown que en el sur. Eric relaciona el número de muertes de los ancianos con la seguridad y la amabilidad de su barrio, me refiero tanto en lo físico como en lo psíquico (peligro, relaciones emocionales, cotidianidad barrial…), pero ¿cómo se construye esa amabilidad? El ejercicio que he hecho es el de ahondar un poco más en la historia de estos barrios y saber exactamente por qué los ancianos en el norte estaban más inseguros que en el sur.

Primero os enseño un mapa sobre los diferentes colores de piel que existen en Chicago y de cómo se encuentran repartidos por el territorio en relación con los dos barrios. El mapa es de Bill Runkin que por cierto tiene unos mapeos territoriales muy interesantes.

Como veréis se podría ir andando de un barrio a otro y además no están en la línea superior del Downtown y en la inferior como pensaba en un principio, de hecho están en el oeste del Downtown. Además existe una frontera nítida en cuanto a la  cultura étnica ya que cada puntito correspone a 25 personas de un color determinado de piel: los azules son de piel negra y los naranjas de piel aceitunada, es decir: afroamericanos e hispanos respectivamente. Parece que hayan cortado con un bisturí el límite. Y lo cierto es que en Chicago es así, pasas de una cosa a otra (hay muchas cosas de las que hablar aquí por eso lo dejo un poco indefinido) sólo al cruzar una calle. Existen claras separaciones barriales y que coinciden con la renta de sus habitantes, el racismo existe y que además es muy acuciante, los barrios más pobres están al sur y la mayoría son de negros y por supuesto no creo que sea casualidad. Pero vaya, para esto empezaría otro post y tiene otra escala diferente ya que aquí nos referimos a dos barrios contiguos.

Podría haber terminado aquí la búsqueda si la escala hubiese sido esa, la de toda Chicago donde las diferencias son claras entre zonas acomodadas y zonas en la pobreza. Pero lo sorprendente es que ambos barrios estén en el suroeste de Chicago, casi pegados y tengan esas diferencias de relacionales. El barrio del sur  pertenece a la comunidad migrante hispana, que tampoco es que se reconozca como comunidad acomodada en EEUU, así que me seguí quedando mosca y le pregunté a un amigo. Él estuvo viviendo en USA y tal vez podría esclarecer el enimga de esta diferencia relacional en dos barrios en los que el trato podría ser parecido desde las instituciones. Y así con su respuesta de “creo que en South Lawndale hay una comunidad hispana muy luchadora con una tradición de comunidad barrial importante” me tiré a la historia.

Resulta que estos dos barrios suburbiales de Chicago fueron refugio de masas de gente tras el Gran Incendio de 1871. En el norte fue la comunidad judía y en el sur comunidad checa y germana. Y aquí las historias se bifurcan.

North Lawndale se desarrolló con la industria y hasta 1950 estaba habitada por la comunidad judía (también rusos y alemanes judíos). Resulta que tras una decisión política, una estrategia urbanística, (aquí es donde entra precisamente el diseño de la infraestructura urbana) en 1950 se desplazaron las comunidades más pobres a barrios donde había trabajo y los recursos eran mayores, también eran las propias personas más precarias las que iban en busca de una vida más digna. De repente en North Lawndale se encontraron con mucha más gente de la que había, por tanto menos trabajo, no había viviendas para todos, distancias entre el trabajo y la vivienda y además grandes saltos culturales. En 1960 el 91% de los residentes eran de comunidad negra. Toda su antigua comunidad judía se había ido desplazando hacia el norte llevándose también la riqueza y por tanto, quedándose el barrio en un estado un tanto desolador. A pesar de que hablamos de la época en la que Martin Luther King generó esa explosión de lucha por los derechos humanos de la comunidad negra, tras su asesinato, el barrio se desinfló y a día de hoy es uno de los barrios más pobres, alto índice de criminal, desempleo, y deterioro urbano. Ahora se está despoblando. ¿Qué anciano iba a salir a la calle en busca de un vaso de agua en tales condiciones?

South Lawndale se encuentra el Little Village, conocido como “La villita”. Lo cierto es que la enciclopedia de Chicago no hace ninguna referencia a traumas sobre las migraciones de sus residentes originales de comunidades checas y germanas. Así habla de las migraciones de los hispanos en busca de empleo, de cómo se tuvieron que reinventar en la década de los 60 de un barrio industrial a un barrio de servicios y de cómo ha crecido en confortabilidad sin llegar a ser un barrio rico pero manteniendo su entidad comunitaria y un nivel económico digno. En este caso entiendo perfectamente que un anciano pasee por las calles y tenga una relación cotidiana con el espacio público de su calle, como podemos ver en el Street View a este señor en su porche disfrutando de la tarde.

Ya, para terminar, la conclusión que saco es que la infraestructura relacional se diseña y tiene un componente estratégico amplio, sobretodo en el “urbanismo de golpe”; ese en el que los desplazamientos masivos son traumáticos. Además la historia es una herramienta más en el diseño, trabajar la memoria subjetiva (colectiva) también ayudaría a mejorar la infraestructura relacional.

Intuición 01_Los tapacubos y la caña

Cuando llegué en semana santa a Pamplona me encontraba en el período de berborrea de producción, y tejí unas pequeñas mallas con unas cuentas que compramos María y yo en Istanbul cuando fuimos a ver a Fede. Las fotografié y ahí se quedaron.

Hoy, directamente he relacionado los tapacubos de los coches con estas pequeñas piezas y el alambre con la caña. Sigo en la berborrea, pero me ha parecido un buen encuentro. Ahí os lo dejo y lo seguiré trabajando porque me parece que los tapacubos tienen mucho que ofrecerme.

Por cierto, ¡qué vicio de gifs!

Montando PFC en colectivo_Alicante

El miércoles 29 de Junio algunos frescos echamos todo el día montando los pefecés de dos grandes Marías: la Conesa y la Java.

Duda03_Obligatoriamente caminan

Y la última pregunta o descubrimiento de estos días ha sido sido esta: la realidad de diversas generaciones poblacionales es que no pueden acceder al coche, dependen de otros para moverse con fluidez en el espacio público del Cabo o incluso en otras muchas periferias.

¿Qué ocurre con las nuevas formas de comunicación on-line? ¿Y con las tradicionales? ¿Qué ocurre también con los trabajadoras en el Cabo pero no residentes, aquellas que llegan en autobús (léase trabajadoras domésticas)? Actualmente, ¿todo el mundo puede acceder a un coche? ¿Qué pasa con las trabajadoras domésticas y con esto quiero decir aquellas que trabajan on-line? ¿Qué ocurre con el DIY en el trabajo contemporáneo? ¿Por qué depender entonces del gasoil? ¿De un seguro del coche? ¿De su mantenimiento?

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